miércoles, septiembre 22, 2010

Un par de días

Va más o menos así:
empieza la cuenta y no sé qué va a pasar
entre la madrugada tibia de mi cerro
y la noche acurrucada detrás del recuerdo
de tu espalda, dibujada con tensiones.

Hay mujeres cuyos cuerpos son derrumbes
de mejores carnes y sonríen disculpando
el paso estúpido del tiempo y del olvido.
Las saco del espejo, hablamos de sus hijos,
la comida y las calaveras en mi cuello.

Detrás de la caja está el niño feo de uniforme
que tiene siempre medio cuerpo solamente
y no sabe qué hacer con la amabilidad
porque es el final de su turno y piensa
en largarse a olvidarme en su casa.

Entre los números y las estructuras
que sostienen las ilusiones más vulgares
-tú las inventas, yo las pinto de colores-
nos vamos mordiendo sin inocencias,
trabajando estas ansias que atraviesan.

Estoy tan cansada que podría dormir contigo
después de hacerte pedazos y volverte a armar,
una vez huída y encontrada en el olor turbio
a humedad, letras y besos que traes encima,
cuando vuelves a ser un niño, me acaricias
y lo único que importa es que te quiero.

Pero antes hay una mesa con mezcales
agua de jamaica para cenar riendo consejos;
antes hay un par de días para gruñirte entre líneas
y reclasificar a los demás según su especie;
antes vuelvo a casa con esa canción, la misma,
sólo yo me escucho desearte, afilarme las uñas
y encontrarme debajo de la lengua la alegría
de no intentar esperarte, nunca más...

1 comentario:

  1. Es como si hubiera caminado este poema. Como si vos y yo hubiéramos caminado hasta tu casa y vos contándome, diciéndome cada verso y yo viéndolo todo. ¡Mágico! Me encantó.
    Un placer. Gracias por el paseo.
    Un beso.

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