martes, septiembre 07, 2010

Madre

Mi madre nunca supo lo que era una madre.
Por eso ella y yo tuvimos que ir buscando,
cada una por su lado,
el significado que puede tener el conocer
aquí afuera lo que estuvo tan dentro.

Hermosa joven, tiene cabello largo,
ojos grandes, manos de sangre luminiscente
y una cuchara de madera para darle vuelta
a los pensamientos sin abrir la boca fresca.

Mujer dulce, que esconde el terror
del que es dueña, los secretos tristes
de saber que dar la vida es quebrantar
todas las ilusiones y dejar que el otro crezca,
se retuerza, yerre, sufra, sienta
y construya lo que puede ser sin violentarlo
con mentiras o pendientes inmediatos.

Servir sopa caliente, remendar roturas
con abrazos invisibles, miradas largas,
besos de tierra que sólo plantean una pregunta...

Una madre debiera no tener más nombre
que el del tiempo del hogar, que no transcurre:
esos ojos que se prenden de tus ojos
al momento de nacer, reconociendo
la separación que comienza y nunca,
nunca se termina...


Neblina, el día que nació (gracias, V).

1 comentario:

  1. Nuestras madres, aquellos pequeños y misteriosos tesoros. Abrazos.

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