miércoles, agosto 11, 2010

Saliendo de la sombra

La punta de los dedos que se muerden
a sí mismos, sin quererlo, buscando,
no sé,
el aroma a sexo del domingo,
el ajo entre las uñas o el metal
de la barra olímpica en el instante
en que el cielo se vuelve púrpura.

A veces no se sabe
si es hambre, miedo
o ansiedad de estar vivo
en este mundo que no tiene orillas
pero sí muchos precipicios.

Entiendo por qué algunos quisieron
refugiarse en el absurdo de la fe,
y otros en el amor absoluto
que no existe.

Prefiero a ese hombre
que mira a una mujer
y piensa que anda como flotando
en su propio universo
sin responder a las miradas de los otros
pero siempre encontrando la de él.

Estamos tan solos, querido mío,
es tan difícil durar en el tiempo de la carne,
que quizás solamente queda
la pasión prolongada en el esfuerzo,
la elección,
la lucha por sobrevivir al secreto.

Los nombres a veces sobran:
alguien ya nos nombró cuando nacimos
y de todas formas vamos
sin saber quiénes somos,
tropezando
hacia la salida
del tunel oscuro del infierno.

Anoche, recordando los ojos de mi amante
pensé:
"porque amo, porque siento,
no soy una sombra..."

1 comentario:

  1. Una reflexión sobre la vida que nos incita a desprendernos de las sombras y buscar el camino más simple hacia el amor. Abrazos.

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