viernes, septiembre 07, 2007

2,41 am

Silencio. Ruido. Silencio. Compresora. Grillo...

Me bailan las letras y todo se vuelve lento. La falta de referencia, el tiempo del carro que va y viene mientras mato el tiempo de maneras insospechadas. Son las dos cuarenta y uno de la mañana, el tío alberto goza de la piel de veinte años que lo esperó, la mala no practica el arrepentimiento y esta soledad parece la del final de una boda, después de emborracharse y bailar, sentada en una silla mirando amanecer sin día, en un falso final que se desvanece si te mueves.

Se me desmoronan las articulaciones, me siento viva. Huele a tinta y a mi, huele a los otros, duerme el mundo con paz prestada a los sueños de las niñas buenas malinterpretadas.

Duerme bien y cuando despiertes, dime cómo suena y a qué huele tu madrugada...

3 comentarios:

  1. Snhh snhhh. Huele a frío, a humedad, como cuando está a punto de llover y el calor de mi almohada me llena la cabeza. Huele a mí, no sé si bien o mal, a fin de cuentas no me importa.

    Huele a frío, huele a solo. ¿Tu hueles la soledad??

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  2. si huele a soledad.
    pd. gracias por pasarte por mi blog, es bueno saber que va tomando forma!
    saludos!

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  3. Nunca me había puesto a pensar sobre ese sentimiento de final de boda, de vasos desparramados, de saber que los novios ya están gozando su cuota de carnalidad, y uno sentado esperando que la vida pase, o que el holor de la soledad se haga un poco más dulce hasta confundirse con el de la paz... Me acuerdo de lo que decía Kieslowski cuando le preguntaban por qué ya no quería seguir filmando; él respondía que ya estaba cansado de no saber si el final de ese nuevo proyecto (de la nueva película que tenía que hacer para quitarse un poco la obsesión) iba a ser una boda o un funeral. Creo que se refería a eso que dices... Un abrazo, y gracias por permitirme tender un lazito contigo

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