miércoles, abril 21, 2010

A veces tengo malos pensamientos

Albert Plá en el Teatro de la Ciudad.


Desde la oscuridad
quisiera olvidar lo irremediable:
ir o venir, estar o desaparecer,
son consecuencias de la confusión
cuidadosamente preservada
de no creerme con deberes para nadie,
ni siquiera para mi...

Veo a esos dos que quise
a unos metros, creo que no me ven,
y están tan lejos como parecen,
perfectos y ajenos ya, ellos,
los que antes llamé mi familia.

A veces los extraño, otras los odio
por su maravillosa ética flexible
que juzga en una sola dirección,
por su carácter de chiquillos terribles,
de mártires sin piedad.

Es que fueron tantos años,
tantos códigos suspendidos
aún empleados separadamente,
tanta amargura llevada a medias
y el dolor entero de crecer en la arrogancia.

Estas querencias no pasan por las palabras
¿Para qué acercarse? No tiene sentido.
Se diluyen en la muchedumbre hacia la salida
y una tristeza vaga me invade aunque no quiera:
Ninguna verdad dogmática resiste argumentos
pero eso no es algo pueda decirles.

2 comentarios:

  1. ouhhh... me hubiera gustado estar ahí

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  2. Los malos pensamiento son muy necesarios, a veces. Abrazos.

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