lunes, diciembre 29, 2008

Ocaso



Desaparecer es un arte viejo que se domina con facilidad:
se trata sólo de cerrar la puerta y no volver la mirada nunca.

He desaparecido de la escena del crimen,
justo en el silencio del último golpe.
Me fui en el inicio de un sueño hueco,
cuando ya no tenía besos dulces qué regalar.

Hubo una ocasión en que nunca estuve
y llegué marchándome con la cabeza en otra parte,
para azoro de los ojos verde azules que me esperaban.

Quedarse es lo complejo, crear y ser creado,
decir y construir códigos, amar en plano libre.
Ser, ser lo que se es, seguir siendo,
sin que sea un obstáculo para el ser del otro.
Eso quiero, eso busco, ninguna otra cosa quiero.

Es posible. Hay que buscar muy tan adentro del otro
para encontrar el valor de querer más allá de las circunstancias
y no temer el espacio enorme de la ausencia.

¡Pero qué hermoso cuando se logra!
El relato de la vida paralela,
las sonrisas que se cruzan por el aire,
la imaginación y la añoranza.

Y un día, por fin, el tiempo compartido en un mismo espacio.
Horas o años para mirar juntos, para saborear y oler,
para darnos cuenta que siempre estamos solos
y que centímetros o kilómetros de distancia poco importan
cuando se entiende lo que es en verdad el amor.

2 comentarios:

  1. y las tardes naranjas de fin de año, para complicarse con el laberinto que es el otro, que es otro.

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