martes, enero 09, 2007

Lavando sobre viejas piedras


Me pregunta la jovencísima anciana, aquella lengua que se quedó muchos meses atrás, que cómo está mi corazón.



Le digo que alegre, al lado de los viejos lavaderos del invierno, tratando de comprender porqué hay que acudir a lo más antiguo que podamos para lograr la fuerza que requiere amarrarse a la alegría del momento.


Lavo sobre viejas piedras los nuevos ojos que me confeccioné para este enero. Río abajo los dolores incomprensibles e inútiles, las añoranzas estériles, la ristra de estrellas del recuerdo.


Reabro este espacio para ver trozos de vida y de mundo. Y gracias Liz...




1 comentario:

  1. Es una alegría, verte por aquí, nuevamente. Para quienes, como esta visitante, eres la que escribe con una delicadeza extraña, cual gema al fondo de los océanos.

    Grandes salutes.

    ResponderEliminar

Escribe algo. Todas las palabras tienen peso.