viernes, julio 22, 2005

reconquistando la risa

Se me nublan los sonidos cuando salgo de esta manera a la mañana. No hay suficiente humedad en el ambiente, soy una prolongación de mis sueños y mis desidias y ni el agua caliente, ni el café a tragos enormes, me ayudan con la fragilidad de las personas. Suena un bolero en el radio, detrás de mi hombro derecho. Más allá se ríen los montadores de imágenes, se escucha el teclado facturando, las computadoras devuelven rayos ignorados por todos.

Anoche miraba varios pares de ojos en un lugar que poco a poco se convierte en mi casa. Y eran extraños, miraban hacia puntos diferentes. Vi unos oscuros y pequeños, analizando amablemente, tiernamente podría decir, los muros blancos de las viejas construcciones. Otros acariciaban las cosas con la sensatez de quien tiene pocos recuerdos, iban y venían, bulliciosos y nuevos. Y esos que miraban el plato, el rinconcito del suelo, a los demás en ángulos difíciles, como el sol por las tardes antes de esconderse. Ojos para poblar historias, esta mi historia reconstruida desde la tristeza con retazos de risas e ideas.

La otra mirada era la de una calma gustosa, esa mirada que me puso en la silla con todos esos ojos, frente a la cacerola, en un estado permanente de asombro y alegría. Todo esto es como un sueño, en el que nadie tiene un rol asignado, las personas son como de cristal, frágiles y complejas, y mientras regreso a esta normalidad me queda la estela de cariños que no tienen nombre posible, porque nunca han sido sentidos de esta forma.

Hermoso por extraño, dulce por tranquilo, sorprendente por alegre. Mi vida va de nuevo llenándose de colores.

3 comentarios:

  1. y mientras los demás aplaudimos plasplas y saboreamos las viandas y los ojos de los que pusieron una calaca monda y lironda para reposar nuestros ojos.

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  2. Y abandonamos los ojos y los cristales, salimos de vuelta a la mañana, nos ponemos de pie y dejamos atrás el sueño, nos distanciamos sin quererlo de aquella felicidad que nos llegaba.
    Así nos disponemos ahora a llegar a la felicidad, al menos alcanzar a oler su perfume.

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  3. Y los colores surgen del arcoiris de tus brillantes labios.

    Saludos.

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