jueves, octubre 04, 2007

Fiebre

Fiebre me dan las paredes, cruzadas de lado a lado por esta ventana casi soleada.

A través del cristal miro el aire, siento el aire, dejo que se meta en cada uno de mis huesos.


Me siento tan viva que muto con los cambios de luz, los dedos del pie izquierdo se me hielan, una ráfaga me levanta hasta el punto de escalofrío y el calor se ausenta en un aliento, se va en una nube y vuelve a mi frente, me la cierra con un beso, pongo otra canción y sigo buscando.

Te me escurres de la mente con el eco de una puerta... Nudos de palabras, esbozos de juegos, prisas y pendientes, octubre se cierne sobre mi cabeza, nudos de piel, de historias, nudos sin argumento necesario.

La luna de este mes me dice los secretos que aprendí hace años, olvidadiza quiero no saber lo que ya sé y me pierdo en los terrenos de mi cama siempre abierta, de mis cuentos nuevos, de mis brillantes tiempos felices.

7 comentarios:

  1. Un suave caminar entre los secretos de la luna. Abrazos.

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  2. Anónimo11:32 p. m.

    //viva-viva, nuevos destellos intermitentes de felicidad en tu jardín

    //palabras de caramelo macizo para melancolicos blogueros. gracias

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  3. Ea! Ea! Lahetaira tiene nuevo envase.
    Este fanático de las imágenes te felicita por ello... Y también por ese aire que se cuela hasta los huesos; es bueno ventilar la casa de vez en cuando.

    Umbeso.
    PB

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  4. Homónimo6:10 a. m.

    No estés fiebre, no estés sola, seguro que entre las clases y cosas de las esquinas no estás tan fiebre ni tan sola.

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  5. A través del cristal miro el aire, siento el aire, dejo que se meta en cada uno de mis huesos... ¡qué fabulosa sensación!

    :]

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  6. Anónimo2:56 p. m.

    Podría darte una verdadera lección de poesía. Mostrarte como suena el español cuando tu prosa sentimental de señorita de salón decimonónico no está haciendo pedazos la puta lengua que ya bastante mal la pasa en los medios. Podría convencerte de que tu ilustrador de cabecera no es más que un publicista farsante. Que tus anónimos lectores no son más que los fracasados de siempre, esos que te parecían ángeles cuando la dama blanca te hacía el amor por la cara. Que tus lectores son los mismos viejos desdentados de siempre. Tristes, derrotados, simulando intelgencia a la orilla de un diván, mientras fingen entender el pozo profundo de tu inconciencia cuando en realidad no eran más que envidiosos contentos de saber que había alguien más hermoso que ellos estaba más perdido y triste. Pero no lo haré, porque tal vez soy peor que ellos, porque amé con fiereza tus ojos de carbón, tus pezones bajo la camisa a cuadros, la lengua voraz y lenta.
    Pero soldado que soy al fin, me puse firme y degollé una noche mi amor apenas nacido.
    Apenas emitió un gemido, el silencio, en cambio, es ensordecedor.

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  7. A ese soldadito parece faltarle una pierna y un par de cojones para firmar sus alegatos.

    Un instigador, nomás. De esos que abundan mucho y aman poco.

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