viernes, abril 15, 2005

Después de llover

Todo el caos y la risa de detener la ciudad y el calor a gota gruesa, las lluvias antes de temporada traen presagios de milagros... Horas y horas cantando sola, bailando con la caída, dejando entrar el agua por la ventanilla, todo lo mojado se vuelve a secar... llegar a jugar con un niño, un gato y una mujer de tonos oscuros, en una casa tan deshecha como la ciudad, verde, luminosa y sonriente...

Pesa la noche soñando con un sueño, despertar sorpresiva con el ruido de una llamada... ¿Eras tú? ¿Era mi sueño? ¿Era el despertador y su insensatez? Era todo eso y mi falta de palabras, un cigarro tembloroso, la imposibilidad de cerrar los ojos otra vez...

Érase una vez un arlequín con ojeras, una talla de madera con hilos, un retrato para ilustrar la sonrisa del futuro: pase lo que pase sonreír, con tanto cansancio nadie notará si es de emoción o de amargura.

1 comentario:

  1. Anónimo1:33 p. m.

    La mujer de tonos oscuros es la misma del relicario que pendia de su pecho hace más de doscientos años... en lo dicho, en la cima de una pirámide, pero las cosas más sutiles son las que guardan los secretos de eternidad, ese resquicio de silencio donde no caben palabras. Supongo que este debiera ser un halago, más bien un hilo de la complejidad que nos hace ser ¿hermanas?

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