sigo mirando, no sólo los paisajes en la tela, el vinil y el photogloss; veo a las personas y ya no en ataúdes, de nuevo caminan y vivir y transcurren más o menos incómodamente sobre la ciudad de los espejos empañados.
los amigos son una categoría últimamente en desuso, las personas me muestran (o yo decido verlo últimamente) su cara más falible, la de la palabra fácil sin acto que respalde. una vez más la congruencia falla y sólo pienso que es natural, que nunca hubo nadie que no pusiera el miedo en sus declaraciones.
allá veo dignísimas promesas rotas; acá violencia y arrogancia innecesarias; ausencias programadas convenientemente, y en todas partes falta de escucha. debo creer que se debe a mi exagerada observación de la vida a partir de la muerte, porque la gente es lo que es y no hay mucho qué buscarle.
de todas formas son los que se aparecen entre lunes y domingo. extraño un poco esas amistades ejemplares que uno cree tener algunas veces en la vida. son visiones infantiles de la realidad y para evitar problemas quizás hay que ir por la vida con la elegante superficialidad del que sonríe a todo mundo, sin tomar en serio a nadie y protiegiendo siempre lo más querido.
siempre hay amigos, pero son bien pocos.
pd. y gracias a tamara por escuchar y comprender.
miércoles, marzo 22, 2006
domingo, febrero 26, 2006
Extraños regalos
La muerte es un regalo duro, difícil de aceptar. Ahora que me lo han hecho, miro todo de una nueva manera, distante y silenciosa. Puedo imaginar a cualquier persona en un ataúd, con la expresión terrible de quien ya no está ahí y ha dejado su cuerpo como triste testimonio de su ausencia.
Es normal pensar en esto cuando se han ido de forma tan repentina seres tan jóvenes y vivos como yo. La muerte de los que quieres te azota y te levanta del suelo, te suspende de la sonrisa y te devuelve a la tierra llorando como lo que eres en ese momento, una criatura asustada.
La maestra Nora dice en un libro que se eligen los aspectos de la realidad que nos afectan, que nos conforman. Me lo pregunto seriamente y pienso que en el caso de que estuviera en lo correcto, yo decidiría que todo esto no me afecta, que soy capaz de simbolizar y homenajear. Pero creo que no es verdad.
Puedo amar a los muertos y conservar la alegría. Seguir con esta vida y sin embargo amarga la certeza de que 2005 fue el último año de sus vidas; que ya de nada sirven los teléfonos o las direcciones, que para siempre se han perdido aquellas cosas que damos en llamar "nuestras". Hay otros, claro, para seguir amando y teniendo complicidades y construcciones, pero ya no aquellos que se fueron, que se van a ir diluyendo por necesidad en recuerdos y atesoramientos íntimos.
Es sólo eso, una amargura tenue que transforma mis pasos por las avenidas. Aquí, a mi lado, está el amor y la vida; desde un lugar desconocido aparece la mirada clara de José Luis Megchun, al que pensaba más lejos de lo que evidentemente está.
Siga pues, la vida. Ya no pienso darle más vueltas a un tema del que sólo puede decirse lo que se ignora. Vuelvo a tejer para alguien que aún no ha nacido, esperando que ilumine un poco con su misterio este extraño mundo. Vuelvo a leer y a peinarme antes de salir, presentándome al mundo tan hermosa como quiero ser.
Es normal pensar en esto cuando se han ido de forma tan repentina seres tan jóvenes y vivos como yo. La muerte de los que quieres te azota y te levanta del suelo, te suspende de la sonrisa y te devuelve a la tierra llorando como lo que eres en ese momento, una criatura asustada.
La maestra Nora dice en un libro que se eligen los aspectos de la realidad que nos afectan, que nos conforman. Me lo pregunto seriamente y pienso que en el caso de que estuviera en lo correcto, yo decidiría que todo esto no me afecta, que soy capaz de simbolizar y homenajear. Pero creo que no es verdad.
Puedo amar a los muertos y conservar la alegría. Seguir con esta vida y sin embargo amarga la certeza de que 2005 fue el último año de sus vidas; que ya de nada sirven los teléfonos o las direcciones, que para siempre se han perdido aquellas cosas que damos en llamar "nuestras". Hay otros, claro, para seguir amando y teniendo complicidades y construcciones, pero ya no aquellos que se fueron, que se van a ir diluyendo por necesidad en recuerdos y atesoramientos íntimos.
Es sólo eso, una amargura tenue que transforma mis pasos por las avenidas. Aquí, a mi lado, está el amor y la vida; desde un lugar desconocido aparece la mirada clara de José Luis Megchun, al que pensaba más lejos de lo que evidentemente está.
Siga pues, la vida. Ya no pienso darle más vueltas a un tema del que sólo puede decirse lo que se ignora. Vuelvo a tejer para alguien que aún no ha nacido, esperando que ilumine un poco con su misterio este extraño mundo. Vuelvo a leer y a peinarme antes de salir, presentándome al mundo tan hermosa como quiero ser.
lunes, febrero 06, 2006
Placeres del neurótico
Para estar realmente solo se deben abrir las cortinas y dejar entrar ese sol casi inmóvil de los días festivos. Levantar colillas, botellas de cerveza, envases de Fanta y montones de ropa que parecen niños cansados y dormidos en cualquier parte.
Ir descubriendo de nuevo el color del parquet, debajo de las cáscaras de estos últimos días, los kleenex, los cabellos caídos en el paso apresurado del cepillo en las mañanas laborales.
Doblar la ropa, quitarle su calidad de ser vivo durmiente y volverla a pedazo de tela, en su cajón o estante; amontonar en la tarja los vasos y las tazas, lavarlos a conciencia, sacarles un brillo discreto que luzca en la alacena.
Entonces sí, poder sentarse enmedio del orden a admirar el desmadre que se tiene dentro.
Ir descubriendo de nuevo el color del parquet, debajo de las cáscaras de estos últimos días, los kleenex, los cabellos caídos en el paso apresurado del cepillo en las mañanas laborales.
Doblar la ropa, quitarle su calidad de ser vivo durmiente y volverla a pedazo de tela, en su cajón o estante; amontonar en la tarja los vasos y las tazas, lavarlos a conciencia, sacarles un brillo discreto que luzca en la alacena.
Entonces sí, poder sentarse enmedio del orden a admirar el desmadre que se tiene dentro.
lunes, enero 30, 2006
Sueños
Ante la presencia ineludible de la desaparición, primero duermo, luego pienso y siempre siento. No sólo se muere la gente, también se deja de hablar, cambia de vida, de ciudad, de conocidos. Las personas entran y salen de la existencia de los otrs con naturalidad, pues lo normal y recomendable es el cambio.
Quizás duela tanto vivir la muerte del otro porque se cancela todo reencuentro. Otro tanto, por ver reflejada nuestra propia muerte. Mi cuñado tiene razón al resaltarlo: toda relación de amor, de amistad, siempre terminará en una tragedia, en la desaparición del otro o la de uno mismo.
Hoy no lloro. He dormido todo el domingo y mis sueños me dicen cosas que no me atrevo a pensar. Vivo más allá de la conciencia y cuando despierto hay unos brazos que me sostienen. En estos días he bebido, platicado, jugado y reído, por el miedo que tengo de perder a los que quiero sin vivirlos.
Porque sueño, no estoy muerta. Porque en mis sueños vienen a sonreír los que se han ido, no están tan lejos, después de todo.
Quizás duela tanto vivir la muerte del otro porque se cancela todo reencuentro. Otro tanto, por ver reflejada nuestra propia muerte. Mi cuñado tiene razón al resaltarlo: toda relación de amor, de amistad, siempre terminará en una tragedia, en la desaparición del otro o la de uno mismo.
Hoy no lloro. He dormido todo el domingo y mis sueños me dicen cosas que no me atrevo a pensar. Vivo más allá de la conciencia y cuando despierto hay unos brazos que me sostienen. En estos días he bebido, platicado, jugado y reído, por el miedo que tengo de perder a los que quiero sin vivirlos.
Porque sueño, no estoy muerta. Porque en mis sueños vienen a sonreír los que se han ido, no están tan lejos, después de todo.
martes, enero 24, 2006
Para ti, querida y frágil amiga
(1971-2006)
Siempre me pregunté por qué quisiste ser mi amiga. Más allá de tu perfecta capacidad para vestirte de un mismo color de los pies a la cabeza, de tener tiempo para hacerte las uñas, el cabello y la sonrisa, supiste antes que yo que estábamos hechas de la misma materia blanda. Por eso me elegiste y desde entonces no te pude ni te quise separar de mi vida.
Anduvimos por los caminos de la pronunciación inglesa los martes después de trabajar, cuando la casita de Amores era el centro de operaciones. Me enseñaste a pasar el tiempo deshebrando al mundo, mirando el aspecto sentimental de cada trivialidad, analizando la lógica imposible, queriéndonos aferrar a alguna clase de destino.
Nadie como tú para fugarse conmigo entre cervezas y canciones; la mejor para recorrer este mundo vulgar con elegancia, para recuperar la inocencia a bordo de tu impecable camioneta, bajo tu mirada fascinante, en las diligencias más comunes que un par de amigas pueden realizar.
***
No puedo seguir adjetivando. Doralí, la reyna-princesa, murió este domingo sin dejar explicaciones, cosa rara en ella. Quiero decir que pocas veces vemos a las personas como realmente son, y ella no sólo se mostró a sí misma, sino que me ayudó a mirarme mejor, a pensarme e, incluso ahora, a conocer, otra vez y de la forma más dura, la cercanía de la muerte.
Más sobre ella:
Reina de porcelana
miércoles, enero 18, 2006
Tiempo sin paleta de sandía
Hace frío, más que ayer. Sin embargo, he decidido que esta sea la semana de las faldas y salgo con las piernas descubiertas, la piel helada y como de gallina, y es que estoy cansada de que el clima me determine.
El aire que se cuela entre mis rodillas me despierta del letargo: ha sido un largo duelo y me empieza a cansar este cansancio, salir todas las mañanas con el cabello atado, tener tan poca facilidad para la risa y el acercamiento.
A la hora de la comida por los dominios del asfalto, me pega el sol en los muslos y me río: estoy demasiado viva y por más que existan el pasado y el futuro lo siento, en ese instante determinado que sólo se convierte en presente cuando omito a mi conciencia. Estoy ahí, cruzando el parque, voy por cuatro pesos de tortillas, la piel se me calienta y me siento ser.
Antenoche nos demostramos la facilidad con la que se crean momentos especiales. Abrir pacientemente una botella de vino de 1967, sentir nervios de que esté arruinada, encontrar el líquido perfecto y equilibrado tras ese corcho guerrero y estar como bobos mirando el reflejo en la servilleta, metidos en un rojo que no era rojo pero que nos introdujo en un estado indeterminado del tiempo, que nos dio la cena perfecta para celebrar solo un momento más, el estar ahí, en la cotidiana Narvarte, uno al lado del otro y sonriendo, llenando de vino los silencios y de silencio las sonrisas.
Seguramente poco más hay que se pueda llamar alegría, y fui consciente de ello.
(Se me viene a la cabeza la imagen de la dulce anfitriona de la rosca de reyes; de su monarca al lado, sonriendo como un pequeño; de un extraño que guarda cada vez menos silencio, juguetón con gorra-bufanda, dueño de la sonrisa del enigma; de Juanito y su fiesta triunfal, llena de gente y encuentros de una noche sin minutos).
El tiempo es mucho más que tres estados.
El aire que se cuela entre mis rodillas me despierta del letargo: ha sido un largo duelo y me empieza a cansar este cansancio, salir todas las mañanas con el cabello atado, tener tan poca facilidad para la risa y el acercamiento.
A la hora de la comida por los dominios del asfalto, me pega el sol en los muslos y me río: estoy demasiado viva y por más que existan el pasado y el futuro lo siento, en ese instante determinado que sólo se convierte en presente cuando omito a mi conciencia. Estoy ahí, cruzando el parque, voy por cuatro pesos de tortillas, la piel se me calienta y me siento ser.
Antenoche nos demostramos la facilidad con la que se crean momentos especiales. Abrir pacientemente una botella de vino de 1967, sentir nervios de que esté arruinada, encontrar el líquido perfecto y equilibrado tras ese corcho guerrero y estar como bobos mirando el reflejo en la servilleta, metidos en un rojo que no era rojo pero que nos introdujo en un estado indeterminado del tiempo, que nos dio la cena perfecta para celebrar solo un momento más, el estar ahí, en la cotidiana Narvarte, uno al lado del otro y sonriendo, llenando de vino los silencios y de silencio las sonrisas.
Seguramente poco más hay que se pueda llamar alegría, y fui consciente de ello.
(Se me viene a la cabeza la imagen de la dulce anfitriona de la rosca de reyes; de su monarca al lado, sonriendo como un pequeño; de un extraño que guarda cada vez menos silencio, juguetón con gorra-bufanda, dueño de la sonrisa del enigma; de Juanito y su fiesta triunfal, llena de gente y encuentros de una noche sin minutos).
El tiempo es mucho más que tres estados.
miércoles, enero 11, 2006
No es abandono...
Es solamente que hace mucho frío, que se cruzan las fiestas (con todos sus preparativos y secuelas), se atraviesan los que escriben con sus casas, sus amigos y sus realidades, el trabajo y la casa compartidos.
Tengo varios discos de fotografías que desempolvar, una empresa que administrar, la estufa para
sacarle todo el calor necesario y una cita conmigo misma para seguir describiendo matices.
Los quiero mucho, y hasta he podido observarlos y escucharlos en vez de leerlos y escribirles, ¡y también es un buen cambio! Ya voy regresando, creo.
Tengo varios discos de fotografías que desempolvar, una empresa que administrar, la estufa para
sacarle todo el calor necesario y una cita conmigo misma para seguir describiendo matices.
Los quiero mucho, y hasta he podido observarlos y escucharlos en vez de leerlos y escribirles, ¡y también es un buen cambio! Ya voy regresando, creo.
miércoles, diciembre 07, 2005
la trampa de las palabras
Últimamente las palabras han cambiado de peso específico. Ya no puedo atarlas como antes en líneas y ponerles destinatario o publicarlas para todos o simplemente guardarlas en una carpeta o un cuaderno emborronado.
Las palabras se van llenando de humo negro cuando camino por Patriotismo: todavía les veo el ribete porfiriano en los edificios que ocultan jardines, pero que serán estacionamientos públicos en breve.
Se me escapan histéricas las palabras cuando escucho la excavadora de los departamentos que construyen enfrente mío. Los pájaros se comieron mis palabras cuando se largaron de esta ciudad grisácea.
Hay otras que se quedan en la línea del celular. Son las más tontas, las de "nos vemos mañana", "te espero ahí" o peor, "luego te llamo, luego te aviso". Por la noche se escurren por la tarja de la cocina, reptan como cucarachas en la coladera.
Toda yo me he extendido sobre lo que miro y está todo tan fuera de la hoja, de la pantalla, que de pronto me doy cuenta de que aquello que le da coherencia a mi vida, a todas estas tontas definiciones y calificativos, imperantes frases y trilladas fórmulas, no será dicho jamás.
Las palabras se van llenando de humo negro cuando camino por Patriotismo: todavía les veo el ribete porfiriano en los edificios que ocultan jardines, pero que serán estacionamientos públicos en breve.
Se me escapan histéricas las palabras cuando escucho la excavadora de los departamentos que construyen enfrente mío. Los pájaros se comieron mis palabras cuando se largaron de esta ciudad grisácea.
Hay otras que se quedan en la línea del celular. Son las más tontas, las de "nos vemos mañana", "te espero ahí" o peor, "luego te llamo, luego te aviso". Por la noche se escurren por la tarja de la cocina, reptan como cucarachas en la coladera.
Toda yo me he extendido sobre lo que miro y está todo tan fuera de la hoja, de la pantalla, que de pronto me doy cuenta de que aquello que le da coherencia a mi vida, a todas estas tontas definiciones y calificativos, imperantes frases y trilladas fórmulas, no será dicho jamás.
martes, noviembre 29, 2005
desvelos
Cómo se pasó la noche entre tantas sorpresas. El orden se alteró, las combinaciones variaron en el mismo escenario. Dice el Fifer "¡qué noche más tonta para ser lunes!", y tiene toda la razón.
Hoy es martes y tengo sueño, se me arrastra la lengua, los ojos por la oficina, las ideas me resbalan dolorosamente por la nuca. Tengo frío en las manos y en los pies, los ojos me lastiman con la luz, el tabaco me sabe a plástico quemado.
Me sirvo un vaso con agua. Me quedo como boba mirando los reflejos. Agua helada como el viento de las siete de la mañana, para que iguale mi temperatura a la de este ambiente insomne. Nada sino transparencia fría sin palabras, que me devuelve la sonrisa y me esconde la ansiedad de saber que aún me queda todo el día hasta encontrarme de nuevo en tu cuerpo, en la cama, en nuestro sueño.
Hoy es martes y tengo sueño, se me arrastra la lengua, los ojos por la oficina, las ideas me resbalan dolorosamente por la nuca. Tengo frío en las manos y en los pies, los ojos me lastiman con la luz, el tabaco me sabe a plástico quemado.
Me sirvo un vaso con agua. Me quedo como boba mirando los reflejos. Agua helada como el viento de las siete de la mañana, para que iguale mi temperatura a la de este ambiente insomne. Nada sino transparencia fría sin palabras, que me devuelve la sonrisa y me esconde la ansiedad de saber que aún me queda todo el día hasta encontrarme de nuevo en tu cuerpo, en la cama, en nuestro sueño.
viernes, noviembre 11, 2005
Tu espectro y sus obligaciones
Hey Muriel
since you left town
the clubs closed down
there's one more burnt out lamp post
on main street
down where we used to stroll...
Hey Muriel
I stil hit all the same old haunts
and you follow me wherever I go...
since you left town
the clubs closed down
there's one more burnt out lamp post
on main street
down where we used to stroll...
Hey Muriel
I stil hit all the same old haunts
and you follow me wherever I go...
Así te vas y regresas como en sueños, le prestas tu sonrisa a los extraños para reconfortarme por las calles y de reojo, me exiges con tu espectro momentos que no podrían ser de nadie más.
Si huyo de esta ciudad y me refugio en su imagen, en los ojos de los hombres y sus distorsiones, siempre he de volver a aquella, nuestra urbe de parques y restaurantes de platos combinados, en primavera preferentemente, siempre con el reloj encima y birlándole minutos a las explicaciones para estar juntos.
Y si te hago rabiar en una mesa, te cuestiono tantas cosas, me oyes con tanta seriedad, le das peso a mis palabras y difuminas el presente: este presente no tiene tanta luz, todos se van volviendo perros viejos, ya no hay ganas de jugar, de esforzarse, de cuidar a los demás. Todos exigen y se quedan nadando en su propia laguna de justificaciones. ¡Al crecer la gente tiene tanto miedo!
Allá, por los rumbos de San Lázaro, de noche, me quedé con 18 años, en minifalda y agotada, esperándote a la salida del metro y repitiendo: tú no eres Muriel (pero sigues tan en mi vida como entonces, querido).
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