Es una mentira que una experiencia pueda cambiarnos al grado de olvidar la falta de congruencia inherente a los humanos. Van y vienen los momentos sublimes, las experiencias maravillosas, las personas excepcionales que se cruzan en nuestras vidas. A veces tomamos algo y aprendemos, cnstruimos amores o amistades. Pero siempre en el fondo late esa pequeña llama de abandono, de descuido, que sobreviene en momentos inesperados.Si no, ¿cómo explicar las amistades truncas, las traiciones, los malos entendidos, los abandonos por tiempo indefinido? No se trata de maldad; es solo falta de memoria y complejidad, ambas normales.
Por eso la vida es un instante en otra ciudad, el atisbo de otras formas de vivir, la cerveza o el mezcal combinados con ligereza y alegría. Más allá de este momento, nadie puede prometer nada sin arriesgar el incumplimiento.
Queda aprender a tomar lo bueno y alejarse de lo que no gusta o no conviene. Somos criaturas limitadas pero aún así, tenemos la capacidad del placer.













